jueves, 8 de octubre de 2009

FINAL-NO-ES-UN-FINAL, de Javier Gato


FINAL-NO-ES-UN-FINAL

Llevamos sólo dos semanas de relación
y ya me estoy planteando el dejar de volver a vernos...
tan sólo porque es martes.
Pero en cuanto el viernes aterrice sobre mi cabeza
me veré apresurado por terminar mis tareas,
siempre con la mayor velocidad,
como a ti te gusta todo.
Y cuando caiga el crepúsculo del sábado,
secas mis lágrimas de impotencia y culpabilidad,
arrojaré mi vida y mi preciada voluntad
a los pies de la esperanza de volver a encontrarte.
Estúpido de mí.
Me pasaré todo el sábado rabiando de alegría
por encontrarte esa misma noche,
en una esquina sucia y ruidosa de una discoteca.
Yo,
con los huesos molidos y estallando en sangre
y temblores por regresar a tus fuertes y vertiginosos brazos.
Tú,
tan fresco como siempre.
Fresco de lozano
y fresco de sinvergüenza,
de inmoral,
de asesino en potencia.
Eres infinitamente más blanco y más brillante
que mi vieja amiga Kate,
con la que ya no me divierto tanto como hace unos meses
y por eso no la llamo.
Pero tú tienes un sabor astringente
amargo
duro
como la calle,
a manzana, dicen que sabes los otros a los que te follas
pero eso sí,
a manzana ácida.
Y es besarte, dejarme poseer por ti,
y olvidarme de qué es la paz.
Río chillo salto bailo lloro muero
y renazco una y otra vez
muy velozmente, todo muy velozmente
por mis venas y hasta mi cerebro,
chispa que saltas y lo quemas todo.
Te haces respetar con falsas promesas que quedan a medias,
vomitadas en una señal de tráfico en el Polígono Norte.
El sol quema hasta el interior de los huesos
volviendo del after,
pero yo sigo bailando, sonámbulo,
¡danzad, malditos, danzad!
¡Danzad en la orgía sin fin, la orgía que es el fin!
Y entonces, domingo a las cuatro de la tarde,
quedo yo,
solo yo.
Soy el desperdicio humano de los huesos rotos
de alguien que quién diría que tiene
veinte años.
Soledad. Mucha soledad.
Soledad y angustia
me provocan ardores en el estómago
y me prohíben comer y descansar.
¡No seas el perro del hortelano, amor!
(Perdón: no quiero llamarte amor. Todo menos reconocer
que te anhelo de lunes a sábado)
Si quieres marcharte,
déjame al menos con mi mente en paz.
No me llenes el cerebro de millones
de pensamientos que chocan
y se rompen en trozos de vidrio cortante,
porque mi sangre me grita que quiere estar tranquila.

Esto es un final que no es un final,
como en las historias de grandes amores
y de lujurias violentas,
de atracciones fatales.
You fuck my mind.
El sábado que viene nos veremos otra vez las caras,
y yo, con miserable debilidad,
volveré a caer rendido a tus encantos,
al vértigo lúbrico de tu velocidad.



Del libro Diario de un gato nocturno, Cangrejo Pistolero Ediciones.
Podrás adquirirlo sin gastos de envío en COMADREJA LIBROS


1 comentario:

Gervasio Martos dijo...

La descripción es alucinante,y mi identificanción en tanto que sentimiento o simpatía también lo es. Supongo que en todos existe algo de autodestrucción que no negamos,e incluso nos gusta. Es algo la autodestrucción que en parte y al igual que el sexo nos constituye.Genial Gato!

CATÁLOGO CANGREJO PISTOLERO EDICIONES 2011

Catálogo Cangrejo Pistolero Ediciones, junio, 2010. Nº, 1.